Algo más que Orgasmus

Salvador Sostres, asegura hoy en el blog de El Mundo entre otras, cosas como  “Los Erasmus son ridículos desde el punto de vista académico y el único interés que tienen es etílico y sexual.” Es que es muy fuerte. Ahora resulta que todos los que nos hemos ido de Erasmus ha sido a beber y a ligar. Como si en España no pudiésemos hacer eso. Menuda chorrada.

Y encima, no quedándose contento con esa perlita le dice a la hipotética tía en la que se ha inspirado para escribir semejante artículo “Niña que tienes veinte años, tu novio es un imbécil si te dejar marchar a Florencia.” Encima machista. Se ha lucido el tío.

Pues mire usted Sr. Sostres, he de decirle que no tiene pero ni idea de lo que es un Erasmus, que se nota mucho que no lo ha experimentado, y que como dicen muchos de los ingeniosos twitts dirigidos hacia su persona, como mucho, quien se fue de Erasmus fue su novia. A Italia. Y le puso los cuernos. Fijo.

Yo me fui de Erasmus a Varsovia y  llegué sola y con dos maletas sin entender una palabra de polaco. A la fuerza y poco a poco no tuve más remedio que hacerme entender, chapurreando su idioma o el inglés, para buscar casa, comprarme el abono del metro, o tan solo  el desayuno… si bien es cierto que no fue el año que más estudié en mi vida, hice por primera vez un examen oral en inglés (y de filosofía del derecho, que no es poco), aprendí los conceptos de marketing más básicos en esta lengua y me acostumbré a estudiar y hacer trabajos en un idioma distinto al español, cosas que en mi país, (al que adoro que conste) no podría haber hecho ni de lejos porque los catedráticos de nuestras prestigiosas universidades no saben en su mayoría, ni el verbo to be. Y no solo eso, en mi maravillosa Polonia, tuve la oportunidad de vivir y convivir con gente que en la vida hubiese imaginado, de muchas nacionalidades distintas y gracias a los cuales me enriquecí cultural y socialmente. Viajé a más de 10 países diferentes al encontrarme en un país de centro Europa, donde las distancias en tren son mucho más cortas y los vuelos mucho más baratos, y además, hice amigos que por nuestra diferencia de estilos y personalidad, jamás lo hubiesen sido en España, y que durante ese año, se convirtieron en mi familia. Y encima, si, me fuí de fiesta a menudo, y me lo pase muy bien.

Estoy segura que todo esto me hizo madurar de golpe y valorar mucho más mi suerte. Si eso no es una experiencia de incalculable valor educativo, dígame usted qué.

Le recomiendo Sr. Sostres que deje de decir tonterías y se ponga a estudiar otra carrera, y por que no, se vaya de Erasmus aunque sea un semestre, a ver si así espabila, que falta le hace.

Y si, también me enamoré.

 

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