“Tengo una cita”

Yo quiero ser americana por muchas cosas, pero sobre todo por una, y es para poder decir “tengo una cita” y que todo el mundo entienda que es con un maromo.

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Vamos, que no es que tenga cita con el ginecólogo, con el otorrino, o para pasar la ITV al coche, que lo que pasa es que un tío va a venir a mi casa a recogerme (porque así es como se hace en América y por algo son primera potencia mundial), va a invitarme a cenar a un restaurante que tenga velas por todas partes, después vamos a dar un paseo y él va a ofrecerme su jersey/americana (porque aunque yo pueda ir con un vestido con escotazo sin más porque el tiempo lo permite, él va a llevar un jersey, chaqueta o similar sólo para cuando llegue este momento) y luego me va a dejar de nuevo en casita, cuál caballero andante, va a abirme la puerta del coche, acompañarme hasta la puerta, y por último, me va dar un beso de Hollywood despidiéndose al momento hasta el día siguiente.

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Eso es una cita. No quedar en la boca de metro, ir a tomar unas cañas y terminar dándote unos besos en el parque de al lado de casa. Y lo siento amiga, si últimamente has tenido una de estas, tu relación no va por muy buen camino…esa es la verdad. Lo más probable es que terminéis siendo amigos, o nada, en el mejor de los casos, porque un tío que te lleva “a tomar cañas” y luego pretende despedirse a lo grande no merece tu amistad. Qué quieres que te diga.

Un cita de verdad requiere cortejo previo. Whatsapp me vale. No hacen falta flores ni fuegos arificiales. Pero una muestra de interés de un mínimo de tres semanas antes de la cita es fundamental. Si sólo lleva dos, hazle esperar, me lo agradecerás después, te lo aseguro.

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Además, #unacitacomoDiosmanda necesita un lugar adecuado, no cualquier bar en el que tomarse una cerve y un canapé reseco de chorizo. Tampoco hace falta ir al Filandón, o a Diverxo (que si te llevan pues mejor), pero basta con un sitio un poco íntimo, que no tenga luz chunga de neón y en el que en la carta se haya omitido “callos a la madrileña”. Tu me entiendes ¿verdad? (*)

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Otra cosa, y la más importante, una cita para no olvidar tiene que contener buena conversación. No os tiréis toda la noche hablado de trabajo, ni de lo pesado que es tu jefe, ni del running dichoso con el que parece que todo el mundo está obsesionado (y que por cierto, sigo diciendo, está sobrevalorado). Profundizad un poco por favor… sueños, ambiciones, miedos, recuerdos…sin caer en lo cursi, id un poco más allá. Y sobre todo, que predomine la risa y el sentido del humor.

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Y la guinda del pastel: la despedida. Una cita no es una cita sin una despedida que te deje con ganas de no volver a despedirte. Lo del beso depende de lo anterior, está claro, y tampoco es estrictamente necesario. A veces hay miradas que saben besar muy bien y que te dejan el resto de la noche en, como dice una amiga mía  #momentoKissFM.

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* Creo por supuesto en la excpeciones. He visto muchas citas que empiezan en un bar y acaban…en altar

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